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¿Qué serpientes venenosas hay en Yucatán?


Por lo general, todos los ciclistas que transitamos por brechas y senderos del monte, selva o desierto, nos hemos encontrado con alguna serpiente y es bueno conocerlas para saber cuales son de peligro y cuáles no, a fin de tener las precauciones debidas.

En Yucatán existen registradas 58 especies de serpientes, y de estas sólo cinco son venenosas: la coralillo, la huolpoch, la nauyaca yucateca o nariz de cerdo, la nauyaca real y la cascabel.

Coralillo variable: Estas serpientes se identifican por tener colores rojo, amarillo y negro, que anuncian su peligrosidad. Son venenosas y si se sienten amenazadas se enroscan y levantan su cola para despistar al agresor. Su veneno es neurotóxico y en humanos debe ser atendido inmediatamente en el hospital en caso de ser mordido por ella. Los síntomas graves pueden derivar en coma, paro cardíaco, convulsiones y falla renal.


Huolpoch: Debido a la pigmentación en el cuero, se puede camuflar en un tronco de madera. Es una serpiente negra que puede medir desde los 80 centímetros hasta un metro y tiene una masa gruesa. Una característica principal es que tiene un aguijón con la parte de la cola, vale aclarar que no pica con la cola. Tiene un veneno citotóxico con alteraciones en la coagulación, fallas generales y necrosis en el sitio de la mordedura.


Cuatro narices: Posee unos grandes ojos de pupila vertical y lleva muchos nombres en los diferentes países. En todos, sin embargo, es un animal temido pues posee un veneno sumamente tóxico que destruye las células y vasos sanguíneos (hemolítico) y el tejido muscular (necrótico) de las personas. Para la terciopelo, y para las serpientes venenosas en general, el veneno tiene como función principal inmovilizar y matar a sus presas, además de colaborar en el proceso de digestión de estas. 


Nauyaca real: Es una especie de serpiente crotalina venenosa que se encuentra en Yucatán. Se halla en un amplio rango de hábitats de tierras bajas, a menudo cerca de asentamientos humanos. Es una especie grande y nerviosa, y es la principal responsable de incidentes por mordeduras de serpiente dentro de su zona de distribución. 


Cascabel yucateco: Es una especie de serpiente venenosa que pertenece a la subfamilia de las víboras de foseta. Es nativa del sureste de México, Belice, y Guatemala. Su nombre científico, “tzabcan”, significa “serpiente de cascabel” en idioma maya. Es fácil de reconocer por tener una campana en la cola y el ruido que la genera. También tiene un veneno citotóxico, y en ocasiones puede haber una porción de un veneno neurotóxico. Puede haber alteraciones, produce trastornos en la función renal, trastornos en la coagulación.

¿Qué hacer si te muerde una serpiente venenosa?

Si te muerde una serpiente venenosa, llama inmediatamente al 911, especialmente si la zona mordida cambia de color, comienza a hincharse o duele. Muchas salas de emergencia tienen antídotos que pueden ayudarte.

De ser posible, sigue estos pasos mientras esperas que llegue la ayuda médica:

  • Aléjate del radio de ataque de la serpiente.
  • Quédate quieto y mantén la calma para ayudar a disminuir la propagación del veneno.
  • Quítate las joyas y la ropa ajustada antes de que comiences a hincharte.
  • Colócate, si es posible, de manera tal que la mordedura esté a la altura del corazón o por debajo.
  • Limpia la herida con agua y jabón. Cúbrela con un apósito limpio y seco.

Precaución

  • No uses torniquetes ni apliques hielo.
  • No hagas cortes en la herida ni intentes extraer el veneno.
  • No tomes cafeína o alcohol, ya que esto podría acelerar la absorción del veneno en tu cuerpo.

No intentes atrapar la serpiente. Trata de recordar su color y forma para que puedas describirla; será útil para tu tratamiento. Si tienes un teléfono contigo y esto no demora el momento de buscar ayuda, toma una foto de la serpiente desde una distancia segura para que sea más fácil identificarla.

Tábanos | Como evitar su picadura en las rodadas


Uno de los insectos más molestos para nosotros los ciclistas, son los tábanos, estos son muy parecidos en apariencia a las moscas, guardan sin embargo similitudes con los mosquitos en cuanto a su forma de alimentarse. Las hembras son hematófagas, es decir, se alimentan de sangre, cuyas proteínas son necesarias para realizar sus funciones vitales.

Lo primero que debes saber es que los tábanos no pican, sino que realmente muerden, provocando un dolor superior al de la picadura de avispa. Esto sucede porque las hembras de los tábanos necesitan sangre para alimentarse. Así que, sí, los tábanos hembra son una especie de pequeños vampiros que han de beber sangre de personas y animales, hacen un tajito en la piel, brota la sangre y entonces, chupan. Por eso, la gente se da cuenta antes porque siente una molestia.

El tábano vuela tan rápido que alcanza una velocidad parecida a la de un caballo que va a galope, siendo así la hembra capaz llegar a ti aunque pedalees lo más rápido que den tus piernas.

¿Donde habitan?

Normalmente los tábanos se encuentran en zonas rurales, haciendas y ranchos con ganado, lugares con riachuelos, charcos o estanques donde puedan reproducirse.

Es importante usar algún tipo de repelente contra insectos aunque a pesar de su uso, puede llegar a mordernos. Ya hubo varios intentos de crear repelentes para los tábanos aunque no funcionan. Con el repelente para los mosquitos, uno evita que se acerquen en un radio amplio. Los repelentes que se han probado funcionan para que el tábano no pique pero no evita que den vueltas alrededor de una persona, zumbando.

Te ha picado, ¿qué notarás?

Lo primero que notarás, además del dolor agudo, es que la zona se enrojecerá y se inflamará. Y de hecho, así puede permanecer unos cuantos días. Lo normal es que después de ese tiempo desaparezcan los efectos. La solución más habitual es muy similar a la que debemos llevar a cabo con otras picaduras. En primer lugar lava y desinfecta la mordedura. Y después ponte hielo para que la hinchazón baje.

Existe la rara probabilidad de que los efectos sean mayores y sientas mareos, tengas fiebre, aparezcan erupciones en la zona afectada o incluso tengas una reacción anafiláctica. En ese caso, no lo dudes y acude al médico. Lo más probable es que te haya dado una reacción alérgica, con lo que tendrán que tratarte de una manera adecuada para que no vaya a mayores.

¿Por qué nos atacan?

Los tábanos responden a un estímulo visual y químico. “Si no te vienen persiguiendo y te tirás a dormir la siesta en algún lugar, hay menos probabilidad de toparse con tábanos que si uno va en movimiento. Sucede que responden a lo que se mueve. También responden a estímulos químicos como el dióxido que exhalamos, el olor a sudor y la orina del ganado”.

¿Como evitarlos?

Lo mejor es evitar las zonas húmedas con aguas estancadas. Por otro lado, el sentido de la vista de estos insectos es deficiente, y se orientan por tonalidades. A las hembras las atraen los colores oscuros, por lo que es mejor no vestir de esa forma si se va a estar en alguna zona con riesgo de presencia de tábanos.

Un estudio publicado por la revista Royal Society Open Science sostiene que la mejor forma de protegerse ante la picadura de tábanos y ciertos mosquitos es cubrir el cuerpo de rayas blancas, como las cebras. Los científicos concluyeron en 2014 que el estampado de esta especie sirve para protegerse de los tábanos y de la mosca tse-tse.

La zarigüeya, nuestro marsupial americano

Es un marsupial como los canguros de Australia. En estado silvestre, la zarigüeya es un animal pacífico, tímido y solitario. Aunque comúnmente se piensa que la zarigüeya es un activo propagador de enfermedades, como la rabia, estudios científicos han demostrado su gran capacidad de resistencia a esta enfermedad.


Las zarigüeyas NO SON ZORROS, COMADREJAS O RATAS

Según la opinión de los biólogos, la zarigüeya es un auténtico “fósil viviente”, Nuestro marsupial americano, El mal llamado "zorro" en nuestra región, es en realidad la ZARIGÜEYA (conocido también como “tlacuache” en el norte y centro del país). Es un marsupial de la familia de los didélfidos, y el único representante de este orden que habita en nuestro continente.

Por lo general, cuando se habla de marsupiales (animales que poseen marsupio, es decir, una especie de bolsa en el vientre en donde guardan a sus crías), inmediatamente se piensa en los canguros de Australia, bellos y vistosos animales que se han vuelto famosos por esta característica y son un emblema de dicho país. Pero Australia no es el único lugar en donde habitan animales de este grupo. Aquí en América, extendida en casi todo el continente habita la Zarigüeya, nuestro marsupial americano; que a diferencia de sus “primos” australianos, no es tan apreciada, sino más bien perseguida y maltratada por considerarla “dañina”.


Características generales:
La zarigüeya es un animal de hábitos nocturnos y de naturaleza arborícola. Posee extremidades especialmente desarrolladas para ese fin, incluyendo la cola, la cual es larga, fuerte y prensil. Tiene cinco dedos en cada pata y en las posteriores tiene pulgares oponibles, como los de una mano humana. Estas características físicas le dan gran aptitud como animal trepador. Sin embargo, la zarigüeya ha tenido que adaptarse a todo tipo de terreno, obligada, entre otras cosas, por la invasión colonizadora humana que ha destruido gran parte de su hábitat. Así, en las zonas deforestadas por el hombre, como los poblados y las ciudades, la zarigüeya ha tenido que refugiarse en cuevas o madrigueras profundas de las que solo sale por las noches en busca de alimento.
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En estado silvestre, la zarigüeya es un animal pacífico, tímido y solitario. Solo en determinadas circunstancias se torna agresiva; por ejemplo, cuando es atacada, capturada, manipulada o cuando está en cautiverio. Al sentirse en peligro emite un sonido sibilante con la boca abierta y segrega un olor desagradable a través de dos glándulas anales. A veces, también expele orina o defeca. Existen varias especies que se diferencian en cuanto a tamaño, tono y forma del pelo. La más común en nuestra región es la Zarigüeya de Virginia (Didelphys virginiana), que se distingue por el hocico pronunciado y lampiño, el pelo hirsuto y oscurecido, y la cola calva y escamosa.


Mecanismos de defensa
Siendo un animal pacífico, la zarigüeya carece de métodos efectivos de defensa. Estos se limitan al “silbido” o “gruñido” que emite con el hocico abierto y al hedor nauseabundo que expele al ser atacada. Pero muchas veces esto no es suficiente para repeler al enemigo. Por tanto, la zarigüeya ha desarrollado un inusual tipo de comportamiento que utiliza como último recurso: fingirse muerta.

Hoy se discute sobre si realmente es una simulación o un acto involuntario, pero lo que es un hecho es que al verse en peligro extremo, la zarigüeya se inmoviliza quedándose tiesa, su respiración se hace muy lenta, casi imperceptible, su ritmo cardiaco también disminuye, y el animal muchas veces se encrespa, saca la lengua y queda con los ojos vidriosos. Esta condición puede durar desde 40 minutos hasta 4 horas, y en ese estado puede soportar todo tipo de maltrato sin inmutarse. Lo más común es que su agresor al verla tiesa, babeante y hedionda, cese su ataque y la deje creyéndola muerta y en estado de corrupción. Sin embargo la zarigüeya “revive” y al verse fuera de peligro, se aleja rápidamente (muchas veces malherida) a refugiarse en su escondite.
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Algunos biólogos que han estudiado este comportamiento, opinan que en realidad, el animal no está fingiendo, sino que al ser muy asustadiza, el miedo extremo la hace caer en un estado de coma involuntario, lo que explica el que disminuyan sus signos vitales y pierdan toda sensibilidad. La creencia común es que el animal solo finge (“se hace la muerta”) como estrategia de defensa para engañar al enemigo.

Poderoso sistema inmunológico
Aunque comúnmente se piensa que la zarigüeya es un activo propagador de enfermedades, como la rabia, estudios científicos han demostrado su gran capacidad de resistencia a esta enfermedad. Mucho mayor que la de cualquier otro mamífero cercano al hombre (perros, gatos, ganado, etc.) De hecho, se necesitan concentraciones muy altas de este virus para poder infectar a una zarigüeya. Los científicos atribuyen esta resistencia a su baja temperatura corporal (entre 34 y 37oC.) poco favorable para que el virus pueda sobrevivir en su organismo. También es inmune a enfermedades como el parvovirus o la hepatitis felina. Además, se ha observado que pueden engullir serpientes venenosas sin ser afectadas por sus toxinas. Se cree que las zarigüeyas son resistentes a muchas otras enfermedades conocidas, lo cual todavía es objeto de estudio.

La ignorancia... ¿justifica la crueldad?
La zarigüeya tiene varios nombres locales o comunes; algunos son: rabipelado (Venezuela), gambá (Brasil), carachupa (Bolivia), tlacuache (México), oposum (EE.UU.), pero sin duda los más errados son los de: “comadreja” (Argentina y zonas rurales de EE.UU.) y “zorra” o “zorro” (partes de Colombia, Ecuador, Perú y México), ya que estos son nombres propios de otros animales, cuyas características son muy diferentes. Esto ha contribuido a la confusión (aunado a la falta de información y conocimiento), que sobre este marsupial, tienen la mayoría de los campesinos y granjeros, que la consideran un “animal de rapiña” y por ende, un peligro para sus gallineros y animales de cría; por lo que la persiguen cruel y encarnizadamente.


Pero a diferencia del verdadero zorro y la verdadera comadreja, la zarigüeya no es un auténtico depredador. La captura de pequeñas especies es solo una opción más en su alimentación, que se compone principalmente de frutas, insectos, reptiles, larvas, huevos así como una amplia gama de plantas. Incluso, en situaciones de escasez puede conformarse con raíces o granos. Es pues un animal OMNÍVORO (come de todo), a diferencia de los genuinos depredadores que por lo regular, solo viven de lo que cazan.

La destrucción de su hábitat por la acción del hombre, ha obligado a este marsupial a luchar contra un medio ambiente más hostil. Lucha en la que solo busca asegurar su propia supervivencia. Ante la falta de bosques y montes en las zonas urbanas, la zarigüeya ha tenido que buscar su sustento en los basureros o en lo profundo de los patios, hurgando entre los desechos humanos, lo que le ha valido ser injustamente considerada como “fauna nociva”. La crueldad con que se le persigue muchas veces raya en lo extremo e irracional.

Situación crítica en nuestro Estado
En nuestra región, mucha gente parece tener fobia a las zarigüeyas. Lo más común, es que este animal sea lapidado y tundido a palos; pero se sabe de zarigüeyas que han sido capturadas vivas y colgadas de cabeza para seguirlas apaleando, mutilarlas a punta de machete, y a veces hasta incinerarlas. Otras han sido dejadas colgadas (“por si reviven”), expuestas al sol para que mueran de hambre y sed.

Su situación no es mejor en la ciudad, donde también es perseguida y exterminada con saña. Aquí lo más común es tirarla a media calle (luego de golpearla salvajemente) para que los automóviles le pasen encima y así evitar que “reviva”. En Mérida, ver zarigüeyas muertas en medio de las calles es cosa de todos los días. La gente las mira con indiferencia, y lo único que lamenta es el hedor que producen sus cuerpos en descomposición

¿Cómo podemos ayudarlas?
Lo primordial es informarse adecuadamente sobre la verdadera naturaleza de este marsupial, antes de caer en ideas erróneas. Muchas creencias populares le han dado una imagen negativa y alejada de la realidad. Las zarigüeyas NO SON ZORROS, COMADREJAS O RATAS; éstos son animales de diferentes órdenes y géneros, con características y hábitos también diferentes. Tampoco son autenticas depredadores (aunque ellas si tienen un depredador más implacable y efectivo: el hombre).


No son agresivas en estado silvestre, más bien son asustadizas y escurridizas. No presentan mayor riesgo de salud que otros mamíferos, y en general tienen hábitos de conducta que pueden ser más benéficos que perjudiciales. Por ejemplo, siendo omnívoros, pueden comer todo tipo de insectos, reptiles, larvas y ratones, que a veces abundan en los patios y solares. También pueden consumir la fruta muy madura, restos de comida e incluso carroña, con lo que contribuyen a limpiar el entorno. Gracias a su sistema inmune, pueden fungir como eficaz “barrera” biológica a algunas enfermedades de potencial transmisión al hombre. Además, siendo animales nocturnos, rara vez sus excursiones interfieren con nuestras actividades cotidianas. Si aún así, no deseamos la visita de este marsupial, basta con seguir unas simples reglas de higiene y limpieza, a fin de desalentar su presencia.

Por ejemplo, por las noches es conveniente:
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• No dejar fuentes de comida a la interpiere.
• Tapar botes de basura.
• Limpiar los patios recogiendo frutas caídas en el piso.
• Tapar agujeros y hoyos que puedan servir como madrigueras potenciales.
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Las zarigüeyas son animales errantes y vagabundos. Rara vez permanecen más de unos días en un mismo lugar. Por lo que si alguna de ellas ha buscado refugio en nuestro patio, podemos estar seguros de que se irá; a menos que se trate de una hembra preñada, probablemente tardará un poco más, pero a final de cuentas también se retirará.
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Si aprendemos a convivir con la fauna de nuestro entorno, podemos evitar prácticas crueles, que no solo atentan en contra de la naturaleza, sino que además alteran el equilibrio ecológico y nos denigran como especie, pues nos vuelven indiferentes e insensibles al sufrimiento de los demás seres vivos.
Más apreciada en las culturas antiguas.

Según la opinión de los biólogos, la zarigüeya es un autentico “fósil viviente”. Se estima que estas especies han subsistido por más de 60 millones de años sin experimentar cambios notables en su fisonomía. Esta datación nos llevaría hasta el último período cretáceo de la era Mesozoica, por lo que las zarigüeyas bien pudieron haber sido ¡contemporáneas de los dinosaurios! Son quizás, la familia más vieja de mamíferos que aún habita sobre la Tierra.
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Se cree que la zarigüeya fue el primer animal americano que llamó la atención de los colonizadores europeos que comenzaron a llegar en el siglo XVI. También que fue el primer animal que se llevaron los conquistadores españoles a Europa, junto con plantas y frutos de la región.
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Entre los pueblos mesoamericanos se le conocía con el nombre de tlacuazin de donde deriva el actual nombre de “tlacuache”. Se le consideraba un símbolo de la fertilidad, de la mujer embarazada y del parto, seguramente debido a la costumbre de este marsupial de llevar a sus hijos en la bolsa. También se le conocía como “la abuela del alba”, y se decía que había dado luz al día y al Sol.

Tomado de ADAY

La Leyenda del Tapacaminos o Pájaro Pu'ujuy


Seguramente con frecuencia te haz encontrado con está ave en tus rodadas nocturnas, posada a media brecha te ha asustado más de una vez, sus ojos brillan con la luz de la lámpara y es curioso pues confiada en su mimetismo, alza el vuelo a muy corta distancia, casi a punto de pasar encima de ella con la bicicleta. 

El tapacaminos o Pu'ujuy en Maya, son parte de la familia de los caprimúlgidos. Sus hábitos alimenticios son de gran utilidad para los granjeros, porque comen insectos que pueden ser nocivos para las cosechas. Estos devoradores prolíficos son muy útiles para el control de plagas.

El tapacamino es una pequeña ave migratoria conocida por sus acrobacias aéreas y sus marcas blancas. Estas aves suelen tener plumas cafés, negras y grises mezcladas con una distintiva banda blanca en cada ala. Los machos pueden tener una banda con forma de cuarto menguante en el cuello. Su patrón de vuelo suele ser errático. Se lanzan verticalmente y cambian con frecuencia de dirección a altas velocidades. A veces son confundidos con murciélagos debido a sus movimientos de vuelo.

Para atrapar al vuelo a pequeños insectos, mariposas y polillas, ha desarrollado unas largas plumas especializadas a los lados de su pico, que cualquiera que los ve juraría que son “bigotes”. A estas delgadas plumas se les denomina “cerdas rictales”, que como una red, dirigen la comida hacia su pequeña boca. Durante el día son prácticamente invisibles, y se les puede observar descansando inmóviles sobre ramas gruesas o en el mismo suelo, confiando que su excelente mimetismo les protegerá de cualquier peligro. Tienen unos enormes ojos, que por la noche utilizan para localizar con una exactitud sorprendente.

Son aves relativamente pequeñas (no mas grande que una paloma), cuyas patas se han reducido tanto que ha perdido casi en su totalidad la capacidad de caminar, por haberse especializado en capturar a sus presas en vuelo. Otra de sus características sorprendentes, es la adaptación que tienen para “no hacer ruido” al volar, ya que sus presas los detectarían.

El nombre de “tapacaminos” tiene su origen creado por la gente del sureste de México. La leyenda es deliciosamente interesante, pero antes de mencionarla hay que hacer hincapié de que, en los caminos rurales y poco poblados, el tapacaminos tiene la costumbre de atravesarse constantemente al paso de los vehículos, posándose más adelante a la espera de su llegada y levantando el vuelo justo antes de ser atropellada, aprovechándose de los insectos que se ven atraídos por las luces de los vehículos.

Cuenta la leyenda maya que el Gran Señor decidió un día nombrar al “rey de las aves”, por lo que convocó a un concurso para que participaran las aves más bellas, talentosas e inteligentes. En ese entonces el tapacaminos era un ave noble y desinteresada, con un bello, colorido y enorme plumaje que ostentaba dignamente. Al no tener interés por participar en dicho concurso, un ave fea y de mala reputación le solicitó en préstamo su plumaje, con la promesa de devolverlo tras el concurso, perdiera o ganara. Siendo éste un ave ingenua y sin maldad aceptó prestarlo, confiando en su promesa de devolverlo. Llegado el día del concurso el impostor se presentó como un Quetzal, ostentando un hermoso plumaje que a todos impresionó, ganando el preciado título. Pero por su gran ambición decidió no devolver su traje de plumas, huyendo desde entonces del tapacaminos considerada por muchos como “el ave más fea”. La leyenda finaliza con la razón del por qué el tapacaminos se te cruza en tu camino, pues te está preguntando: “¿No has visto al Quetzal? ¡Ese impostor que me robó mi traje!”, a lo que debes contestar amablemente: “se fue por allá, entre los árboles aquellos”. 

Esta es una leyenda representante del Folklore tradicional mexicano, que destaca la imaginación característica de nuestra gente, y que nos deja una moraleja muy clara: “no creas en las palabras de un hipócrita”, pero igualmente nos debe hacer reflexionar sobre la belleza o fealdad de los animales, pues sin importar su apariencia, todos tienen un importante papel qué desempeñar en la naturaleza y nuestros ecosistemas, teniendo el mismo derecho que nosotros por existir y seguir existiendo.